la importancia de un buen herrado
(constantino sánchez)

LA IMPORTANCIA DE UN BUEN HERRADO

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Partiendo de la base de que el herrado es un “mal necesario”, las condiciones de vida que damos a nuestros caballos lo hacen imprescindible en muchos casos, por eso es importante conocer las consecuencias que puede tener en la salud de nuestro caballo.

El herrado del caballo es un hecho rutinario, al que muchos no le prestan la suficiente importancia, sin embargo un herrado bien hecho es un trabajo exigente y que debe ser realizado por una persona preparada y especializada.

El casco del caballo crece, al igual que nuestras uñas, continuamente. Se estima que cada mes el casco crece entre 6 a 10 m/m. como término medio, en función de diversos factores, entre los que se encuentran, la edad, la alimentación, el trabajo, la estación del año, el clima, etc. Este crecimiento se ve compensado por un desgaste continuo producido por el terreno. Un caballo desherrado, para compensar el desgaste de sus cascos en un día de trabajo, tendría que permanecer en reposo de dos a nueve días, según las condiciones del suelo en el que ha trabajado.

En estado salvaje, cuando sus cascos se vuelven sensibles por el excesivo desgaste, el caballo busca los terrenos más húmedos y blandos para desplazarse. Cuando, como consecuencia de la domesticación, pierde esta posibilidad es necesario proteger de alguna manera el casco del desgaste, para ello el hombre ha desarrollado a lo largo de la historia, y lo sigue haciendo, diferentes formas de protección, la más eficaz y más difundida es el herrado con herraduras metálicas tradicionales. Podríamos definir la herradura como una banda o tira metálica, curvada sobre uno de sus bordes, que se aplica al casco, sujetándola al mismo con clavos implantados en la pared, con el objeto de evitar el desgaste de dicho órgano.

Y sin embargo, con ser necesario en la mayoría de las ocasiones, hemos de reconocer que el hecho de clavar una herradura (rígida) sobre el casco (flexible) dificulta el normal funcionamiento del mismo, impidiendo el equilibrio natural del casco. Es por eso que el herrador debe estudiar y conocer en profundidad la anatomía, fisiología y biomecánica de los miembros y casco del caballo, de esa forma interferirá lo menos posible en su correcto funcionamiento.

Como todos sabemos, el caballo es un animal herbívoro, siendo una presa en la naturaleza. Para defenderse de sus depredadores el caballo ha desarrollado una gran capacidad de huida, pudiendo alcanzar una gran velocidad en un corto espacio de tiempo.

Para llegar a su forma actual el caballo ha evolucionado a través de miles de años, hasta llegar a ser un animal ungulado perisodáctilo. Ungulado nos indica que tiene cascos, que son estructuras protectoras de tejido córneo duro al final de sus miembros; este tipo de tejido es igual al tejido de las uñas, es un material tubular de queratina. Perisodáctilo es el ungulado que tiene un número impar de dedos en cada miembro, como sabemos el caballo tiene un solo dedo (el corazón), quedando vestigios evolutivos de los otros cuatro.

Para aligerar de peso el extremo de sus miembros y disminuir el esfuerzo necesario para la carrera, sus músculos se sitúan en la parte superior de los mismos (no hay músculos por debajo de la rodilla o el corvejón) próximos a su centro de gravedad, desarrollando unos potentes tendones que trasmiten la contracción muscular hasta la articulación interesada, y un sistema ligamentario encargado de mantener las estructuras del miembro con un mínimo gasto energético.

Esta evolución ha desarrollado unas estructuras perfectas y bien adaptadas para la función requerida, pero muy sensibles a las condiciones o manipulaciones externas, entre las que se encuentran el herrado, ocasionando alteraciones funcionales, que si se mantienen en el tiempo, pueden dar lugar a deformaciones estructurales, a veces irreversibles, que acortan la vida útil del caballo.

Debido a la gran capacidad de adaptación del caballo, éste es capaz de modificar su locomoción, de forma imperceptible, para compensar un desequilibrio funcional. A largo plazo esta alteración del movimiento puede originar lesiones en diferentes estructuras o niveles, que serán de diferente gravedad según la estructura afectada y el tiempo que ha durado la disfunción.

Las estructuras del casco sin herrar, están adaptadas para absorber la energía producida por el impacto contra el suelo, ya que al estar constituidas por materiales elásticos, éstos se deforman de un modo visco-elástico, adaptándose en función de las fuerzas que ocurren en el interior de la cápsula del pie (casco) y las fuerzas compresoras externas que actúan contra el pie desde el suelo.

En la primera fase del apoyo del casco se produce la amortiguación, en la que se produce la absorción de la onda de choque. Si a causa de la herradura y de su mala adaptación y colocación, el casco no realiza adecuadamente esta función, la onda es absorbida casi en línea recta llegando a diferentes regiones: pie, rodilla, espalda y vértebras. Esto es referido al miembro anterior, ya que soporta aproximadamente el
60 % del peso del caballo. El miembro posterior, está diseñado para impulsar, por lo que su funcionamiento es diferente, siendo ésta una de las causas por las que nos encontramos mayor número de patologías en los cascos anteriores que en los posteriores.

Casi todas la articulaciones distales (más alejadas del cuerpo) del pie del caballo son articulaciones que no permiten casi el movimiento lateral de las mismas, están diseñadas para que el movimiento articular sea de flexión-extensión, es así como el caballo está diseñado para correr en línea recta siendo un error, mantenido durante generaciones, dar cuerda en círculo durante horas a los potros en pleno crecimiento.

También el desgaste del casco, producido en estado salvaje, produce en el caballo el aplomado perfecto en relación con la conformación individual de sus miembros y la necesidad de carga y distribución de peso de sus extremidades. Cualquier cambio en la transmisión de fuerzas a través de la extremidad puede ocasionar lesiones a nivel de las articulaciones, por eso es tan importante que el aplomado del casco sea el correcto, correspondiendo con la conformación de la extremidad.

Así todos los factores que afectan a la calidad y funcionamiento natural de la pared del casco van a modificar la funcionalidad del mismo:

Todos estos factores van a originar una córnea de mala calidad, que se resquebraja con facilidad y que por falta de flexibilidad no es capaz de absorber los impactos correctamente.

El tipo de suelo también afectará, en un suelo blando el impacto será menor que en un suelo duro. En un tipo de suelo como el asfalto (duro) y con un caballo herrado, los efectos se multiplican, ya que la herradura además de impedir la capacidad del casco para amortiguar el impacto, va a aumentar los efectos del mismo, favoreciendo la aparición de lesiones osteo-articulares a lo largo del miembro. Por el contrario un suelo demasiado blando y profundo tiene el riesgo de lesiones tendinosas, ligamentarias y musculares.

Pero no debemos pensar que un correcto herrado va a causar perjuicios a nuestro caballo, al contrario una adaptación adecuada de la herradura mantendrá e incluso mejorará, en muchas ocasiones, el movimiento natural del caballo; siendo imprescindible el herrado ortopédico en diversas patologías como son la infosura, la enfermedad del navicular, las tendinitis, etc...

También hay que considerar el herrado corrector en potros, en este caso es imprescindible actuar en edades muy tempranas para poder corregir defectos de conformación y aplomo, aquí una vez más, la colaboración entre veterinario y herrador se hace imprescindible.

¿De que forma el herrado puede a alterar el correcto funcionamiento del casco? Un herrado correcto debe atender a varios factores para no interferir en la fisiología y funcionalidad natural del casco y miembro. El primero de ellos es un correcto aplomado, con ello nos referimos al corte adecuado del casco para que el caballo pise correctamente en función de su propia conformación, en este sentido se deberá considerar el aplomado dorso-palmar (anterior) o dorso-plantar (posterior) en el que tenemos en cuenta los ángulos del casco observándolo de lado y el latero-medial, mirando el casco de frente. Un error en este ámbito puede tener graves consecuencias a largo plazo, entre las que se encuentran pequeñas fracturas, síndrome navicular, artritis, modificación de los aires, tropezones, problemas del dorso, talones colapsados, cuartos y fisuras, etc.

En segundo lugar tendremos en cuenta que la elección de la herradura, tipo, material y talla sean los adecuados en relación a la conformación del caballo, tipo y tamaño del casco, actividad y disciplina. En relación directa con la herradura hay que considerar la adaptación de la misma a la forma del casco, siendo un error muy difundido colocar una herradura más pequeña que la necesaria, sin adaptar su forma a la del casco, sólo abriendo o cerrando sus ramas, deja el resto del trabajo a la escofina que retirando todo el sobrante de córnea disminuye cada vez más el tamaño correcto del casco, eliminando superficie de sustentación y provocando cascos frágiles, agrietados y con una pared reducida a su mínima expresión.

Otro factor a tener en cuenta es el número y colocación de los clavos, así como su tamaño. Hemos de tener en cuenta que contra más clavos pongamos más agredimos el casco y más impedimos su correcta expansión, sobre todo si los clavos están colocados en la parte posterior del casco (cuartas partes y talones), pudiendo ser ésta una de las causas causa de la encastilladura.

Una esmerada terminación (biselado, escofinado y correcto remachado), harán que el caballo no se produzca cortes y alcances.

Por último la renovación regular del herrado es imprescindible para poder mantener los cascos y las prestaciones del caballo en sus más altas cotas, incluso aunque las herraduras no hayan sufrido desgaste es necesario retirarlas y devolver al casco su tamaño y ángulos correctos, y ésto debemos realizarlo cada 40-50 días como máximo, siendo preferible ponernos el tope de 6 semanas para volver a avisar al herrador. Una negligencia por parte del propietario, en este sentido, puede ser causa de escarzas (hematomas en la suela), deformaciones en el casco, tendinitis por cambio de angularidad del casco, cuartos y fracturas, encastilladura, síndrome navicular y una larga lista de problemas fácilmente evitables.

En el caso de que el caballo vaya a permanecer durante un tiempo en descanso o sin trabajar, es preferible retirar las herraduras aunque se le siga revisando y arreglando los cascos con la misma regularidad.

Los cuidados y un herrado apropiado, permiten que el casco mantenga una forma normal. Estos cuidados son especialmente necesarios cuando el casco pierde sus condiciones normales como consecuencia de una mala alimentación, de un ejercicio insuficiente, de una falta de higiene en el box o de un herrado defectuoso.

Un herrado adecuado, realizado de una forma profesional y siguiendo las normas básicas, es imprescindible para el correcto funcionamiento del pie del caballo. Pero no sólo es responsabilidad del herrador el bienestar de los cascos del caballo, en esta materia deben estar implicados y en estrecha colaboración el propietario, el veterinario y el herrador, un correcto trabajo en equipo marcará una gran diferencia en el bienestar y las prestaciones del caballo.

 

Por Constantino Sánchez Martínez
Publicado en la revista El Mundo del Caballo