cómo poner la cabezada y
coger las manos y los pies (lucy rees)

CÓMO PONER LA CABEZADA Y COGER LAS MANOS Y LOS PIES

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Poner la cabezada y coger las manos y los pies son las primeras verdaderas lecciones que realmente le damos a un potro. Por lo general, no suelen estar muy bien enseñados. Los métodos que aquí se describen ilustran la aplicación de reglas sencillas para todo tipo de adiestramiento: cualquier movimiento en la dirección deseada se hace fácil y agradable hasta que poco a poco vamos desarrollando la respuesta que queremos. Mientras tanto, el caballo entiende que el aprendizaje es agradable, una actitud que hace que después el adiestramiento sea más sencillo.

Nunca es demasiado pronto para iniciar a un potro en el aprendizaje. Durante los primeros días de vida es bueno acostumbrarle a que sea tocado por todas partes, a que se le cojan las manos y los pies, a que esté en contacto con cuerdas y a que tenga un saco por su dorso. Podría ser llevado al lado de su madre con un saco ancho y suave alrededor de su cuello. Nunca olvidará estas lecciones, tanto es así que incluso aunque no vuelva a ser tocado durante un año siempre será más fácil de manejar.

Si no se ha aprovechado esta oportunidad, el mejor momento para ponerle la cabezada a un potro es en el destete. Sus reacciones posteriores todavía serán fuertes, pero ya no tendrá una madre a la que preferir.

Es fácil ponerle la cabezada en el destete por la fuerza, pero nunca es aconsejable. Cuando se emplea una cabezada, lo normal es que el potro se encabrite y se caiga. Una mala caída podría incluso llegar a romperle un hombro o costarle un ojo. Las dislocaciones de cuello o de cadera son bastante habituales, pero podrían pasar desapercibidas durante años hasta que la doma del caballo estuviera más avanzada y se descubriera que tiene extrañas resistencias a las flexiones y a los giros. Estas dislocaciones son alarmantemente frecuentes aquí en España donde no hay osteópatas que las traten. Tirar de un potro reacio hacia delante también puede producir una dislocación de las vértebras del cuello. Si el potro es más mayor lo normal es que se le ate, lo que también es un riesgo, aparte de que después de eso pocas veces será posible cogerlo.

El método que se ofrece a continuación es adecuado para un caballo de cualquier edad, no requiere ninguna fuerza y enseña gran cantidad de lecciones además de a ser dirigido.

El potro debe estar dispuesto a venir hacia nosotros. No importa si esto sólo se debe a que tenemos un cubo de comida o un puñado de hierba en la mano o si es demasiado tímido como para acercarse. Lo que importa es que esté dispuesto a dar un paso hacia nosotros. Si su reacción automática al ver a una persona es intentar huir, ponerle la cabezada será tan sencillo como enseñarle a cantar a un hombre sordo. Para cogerlo más fácilmente lo mejor es hacer que se acerque por la comida al principio y que nos agachemos y evitemos mirarle fijamente a los ojos: los caballos consideran esto amenazador.

Utilice una cuerda lo suficientemente larga como para rodear el cuello del potro y que además toque el suelo, con un mosquetón lo suficientemente grande como para que la cuerda pueda resbalar por él con facilidad. No haga ningún nudo en el extremo, ya que si el potro se las arregla para poner su pie entre los ramales habrá muchas dificultades para liberarlo.

Ponga la cuerda por el cuello del potro pasándola por el mosquetón y haga un nudo para que si hay un tirón se tense, lo que hará que el potro pueda soltarse fácilmente pero no pueda caerse. Después, déjelo solo en un pequeño corral o en la cuadra hasta que pisarla ya no le asuste.

Haga la lazada más o menos a mitad del cuello del potro y añada otros 5 m de cuerda al final de la cuerda de la cabezada. Permanezca en el centro del corral y deje que él se mueva libremente a su alrededor sujetando la cuerda de forma que quede suelta. Cuando se detenga, dé ligeros tirones secos repetidas veces, aproximadamente uno por segundo, hasta que doble su cuello hacia usted. En cuanto muestre la más mínima reacción positiva, relájese, afloje la cuerda y prémielo claramente acariciándole si le gusta. Sin embargo, lo más probable es que su primera reacción sea moverse hacia delante, no hacia usted, sobre todo si los tirones son demasiado fuertes. Deje que avance pero en cuanto pare, empiece a dar tirones de nuevo como cuando un niño pequeño tira de la manga de su madre para atraer su atención. Sólo debería dejar de hacerlo cuando haya obtenido la respuesta adecuada.

En cuanto él se gire e incluso dé un paso de lado hacia usted, cámbiese a un sitio más grande, lo ideal sería uno que tuviera entre 8 y 14 metros. En un lugar más grande él querrá correr más. Si lo hace, permítaselo, pero manteniendo la cuerda bastante suelta entre ambos. No tire de él, ya que en tal caso él tiraría hacia atrás. Pronto se dará cuenta de que correr no cambia las cosas y parará. Cuando lo haga, pídale que vaya hacia usted y, nuevamente, vuelva a premiar la más mínima respuesta relajándose de forma clara, aflojando la cuerda y elogiándole.

Antes de volver a pedírselo de nuevo, concédale un segundo para que piense sobre ello. Si se lo pide demasiado rápido no podrá ver que esta reacción produce alivio y probará otra. Al principio es más fácil pedirle que avance de lado que hacia delante. Si extendemos nuestra otra mano por detrás de él podemos pedirle que avance en un círculo y así utilizar los lados del cercado con la cuerda lo suficientemente floja.

Cuando tenga la seguridad de que la presión en la cuerda le hace ceder en lugar de correr, camine con él, diga “so” de repente y pare en seco con el cuerpo inmóvil y cerrando firmemente la mano en la cuerda para que encuentre su resistencia. No se mueva. Cuando él se pare, suelte la presión, relájese y prémielo; si se marcha al galope deje que lo haga, después, repita las fases anteriores antes de volver a intentarlo. Una vez que haya establecido la parada, repítala con frecuencia hasta que pare con las señales verbales y corporales.

Así que, tenemos tres métodos para utilizar la cuerda que deberían ser fácilmente distinguibles para el caballo: uno, con el ramal holgado mientras andamos hacia delante bastante relajados; dos, pidiendo con tirones secos repetidas veces; tres, con el cuerpo y la mano rígidos y quedándonos parados para pedir una parada o para corregirle cuando se aleja de nosotros. Éstos preparan bien al caballo para el trabajo futuro. También habrá aprendido a parar a la voz.

Pedirle que nos siga es más difícil, ya que si estamos demasiado cerca no puede vernos. Aquí el cubo de comida o el puñado de hierba ayuda bastante. Nuevamente, cuando nos dé la respuesta correcta no debemos pedirle otra vez de forma inmediata, sino relajarnos, premiar y hacer una pausa. Al principio un paso cada vez es lo mejor. Cuando él tenga la seguridad de que ésta es la respuesta correcta nos la dará dos veces, después tres, finalmente muchas.

Si quiere darle la vuelta, levante la mano izquierda a la altura de su ojo para mandarle fuera. Diríjale por espacios más grandes, siempre vigilando que la cuerda esté lo suficientemente suelta y acariciándole con frecuencia. A la hora de pasar por una entrada, bloquee su camino un poco con el cuerpo para que pase despacio: todos los animales presa tienen tendencia a apresurarse al pasar por huecos estrechos.

Los potros pequeños suelen ser reacios a moverse hacia delante. No tire, pase una cuerda alrededor de sus cuartos traseros sujetando este lazo en una mano y el ramal en la otra. Si se queda plantado, pídale primero con el ramal y la voz, después tire del lazo de atrás.

Cuando ya pueda dirigirlo con la cuerda del cuello, póngale también la cabezada pasando el ramal por la anilla trasera con la lazada a mitad de su cuello.

La ventaja de la cuerda del cuello es que con ella los potros casi nunca se encabritan o luchan como hacen con la cabezada. Pero hay que tener cuidado de no estrangular al caballo.

Así es como yo pongo la cabezada a caballos revoltosos y grandes (hasta ahora el más grande era un percherón adulto que no había sido tocado) sin utilizar nada de fuerza y en muy poco tiempo. En algún momento, también me gusta hacerle dar vueltas suelto con 5 m de cuerda colgando desde el lazo del cuello. Al principio corren pero después se tranquilizan. Esto evita muchos accidentes más tarde. El momento para hacerlo debe elegirse con cuidado, dependerá del temperamento del animal.

No utilice una de esas cuerdas de las que se adquieren en las tiendas que queman las manos y se hacen nudos fácilmente, la verdad es que no puedo entender por qué la gente las compra. Una cuerda gorda y suave es bastante más segura.

Veamos ahora cómo coger las manos y los pies. Cualquier herrador le dirá que la mayoría de los propietarios no enseñan bien a sus potros. Una vez más, debemos mostrarle al potro que si nos da lo que queremos tendrá alivio y recompensa.

Las manos y los pies no son más que una defensa natural del caballo y es lógico que tenga miedo de dárnoslos. Esto, añadido a su temor a que estemos alrededor de él con más miedo todavía, o gritando, no le ayuda a confiar en nosotros. Cuando estamos haciendo algo tan amenazador debe tener la posibilidad de vernos y de olernos, así que lo mejor es no atarlo. Déjelo suelto o sujete el ramal holgado en una mano mientras trabaja con la otra y permanezca totalmente relajado pase lo que pase.

Acaricie hacia abajo el brazo del potro hasta que levante la mano de forma repentina. Ésta es una versión nerviosa de lo que queremos, así que debemos elogiarle y acariciarle. Después, esperar un segundo y a continuación repetirlo. Tras unos cuantos intentos la levantará con calma o nos dejará colocar nuestra mano detrás de su menudillo.

No ponga la mano alrededor de la cuartilla porque eso le asustaría. Tire de su mano hacia delante antes de doblarla hacia atrás. Si se mantiene con ella levantada, cójala por debajo de la punta del casco durante un segundo antes de dejar que la baje. No se preocupe si se la arrebata bruscamente, mantenga la calma y siga repitiéndolo. Si es especialmente nervioso con respecto a dejar que le cojan las manos, lo mejor será disponer de un ayudante cerca de su cabeza que pueda darle algo de comida como recompensa justo en el momento en que usted le levante y le examine la mano.

En lo que a los pies se refiere, permanezca cerca del potro y haga que se equilibre tocándole un poco con el cuerpo. Sujete el ramal en una mano para que su cabeza pueda estar ligeramente vuelta hacia usted. Con la otra mano, acaricie su pierna hacia abajo hasta que levante el pie, lo que probablemente hará coceando. No lo tenga en cuenta, simplemente repítalo con calma. Cuando libere el peso de la cadera del lado en el que usted se encuentra estará manteniendo el equilibrio con la otra y relajándose. Acaricie su pierna hacia abajo hasta que pueda poner la mano alrededor de la parte trasera de su menudillo y levante el pie un poco hacia delante y hacia arriba. No tire de la pierna hacia fuera. Al principio, conténtese con una pequeña reacción tranquila y elógielo afectuosamente. Cuando pueda levantarle el pie hacia delante por debajo de su cuerpo sin dificultad, coloque su mano por debajo del casco y sáquelo despacio hacia atrás para examinarlo. Al principio, lo mejor será no levantarlo demasiado hacia arriba ni durante mucho tiempo.

Si el potro se pone más violento en lugar de más tranquilo eso es que las cosas se están haciendo demasiado rápido, hay demasiada tensión en nuestro cuerpo o estamos intentando forzarle. Si nos ponemos en el lugar adecuado no habrá ningún peligro aunque el caballo cocee y si mantenemos el ramal en la longitud adecuada tampoco podrá acercar sus cuartos traseros a nosotros.

Castigarle en esto no tiene ningún sentido. Si se defiende y le atacamos por ello, seguro que la próxima vez se defenderá más y antes. No se puede castigar a un animal por una reacción “equivocada” hasta que él sepa con certeza cuál es la “correcta”: sólo le asustaríamos. Al igual que para llevarlo a ramal, repita las peticiones, ignore las respuestas que no quiera hasta que vea que son inútiles y en cuanto obtenga el mínimo movimiento en la dirección correcta, relájese, prémielo y haga una pausa para que él piense sobre ello.

Utilizar una palabra o una frase en el momento de hacer la petición es una buena ayuda, el caballo llegará a reconocerla.

Si tiene un caballo más viejo que da problemas con sus pies, será porque la gente haya utilizado el castigo mal y demasiado pronto. Habrá que volver a enseñarle tratándole como si fuera un potro, empleando una palabra que nunca nadie haya usado antes y utilizando la comida como recompensa en cuanto se consiga la más mínima respuesta positiva. Hay que tener mucha paciencia. Cuando un caballo ha aprendido una actitud negativa las recompensas con comida ayudan enormemente a cambiarla, aunque si enseñamos bien desde el principio no serán necesarias.

Para preparar a un potro para el herrador, lo mejor es acostumbrarle a que sus pies sean tocados y golpeados con instrumentos y a que los extienda hacia atrás y hacia delante. Un potro no puede mantener bien el equilibrio sobre un solo pie salvo que esté totalmente relajado y empiece poniendo su peso sobre el otro: es decir, no debemos pedirle que levante un pie a no ser que se encuentre en tal posición que pueda dar un paso hacia delante con el mismo.

 

Por Lucy Rees, traducido y adaptado por Begoña Sánchez Gómez
Publicado en la revista Ecuestre