la ciencia al servicio del caballo
(chloé b. rola)

LA CIENCIA AL SERVICIO DEL CABALLO

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Durante los últimos años, hemos asistido al auge de la ciencia de la etología (el estudio del comportamiento natural del animal) en Europa. En los años ochenta descubríamos la etología equina, ciencia que se basa en el estudio del comportamiento del caballo en estado libre, tanto en manada como en un entorno domesticado. Desde los últimos cuatro años se ha producido una auténtica explosión de los estudios y libros dedicados al análisis del comportamiento del caballo y se han registrado más de cien publicaciones científicas en este ámbito.

Los aficionados y profesionales esperaban que las conclusiones de estos estudios nos aportasen las soluciones a los problemas a los que nos enfrentamos cada día, ya sea en el box como en la pista o en el cuadrilongo de concurso. Curiosamente, las primeras respuestas no llegaron al gran público de la mano de los científicos, sino de toda una serie de cow-boys con mucha labia que han sabido hacerse un hueco en el mercado europeo.

No obstante, aunque por un lado la Federación Francesa de Equitación apoyó desde un principio a todos estos métodos “mágicos” y más que lucrativos, los científicos y profesionales de la materia empiezan a imponerse y a cuestionar la base supuestamente “etológica” del movimiento americano. ¡No es oro todo lo que reluce! El valor de la etología aplicada al entrenamiento diario del caballo es incuestionable, pero hay que tener cuidado de no dejarse engañar por las apariencias: los discursos empleados no siempre coinciden con la realidad. Una cosa es el estudio del comportamiento natural del caballo y el respeto de su naturaleza (etología) y otra es el abuso de medios restrictivos para someter al caballo y hacerlo obediente (doma mediante condicionamiento, base de los métodos americanos).

LAS TENDENCIAS EN ETOLOGÍA

Hoy en día se han puesto muy de moda las corrientes “etológicas”, que van desde la doma “etológica” o “natural” hasta la “equitación etológica”. Podríamos decir que existen tres tendencias principales con enfoques diferentes hacia el caballo y que debemos diferenciar.

El primer enfoque etológico surge con el siguiente concepto: por naturaleza, el caballo tiene miedo al hombre al que considera un depredador. Por lo tanto, se ha de desensibilizar al potro desde su nacimiento para romper esta asociación negativa con el hombre. Así nace la teoría del imprinting, método del Dr. Miller.

La segunda corriente de etología aplicada al manejo del caballo se basa en la naturaleza gregaria del caballo: el caballo es un animal de manada, necesita sentirse protegido por un líder. El hombre debe convertirse en la figura dominante para así poder trabajar sobre la naturaleza sumisa y el instinto de aceptación del caballo (éste, por naturaleza, nunca buscará el conflicto). Esta perspectiva constituye la línea de los “susurradores”, “doma natural” y todo el movimiento americano.

Por último, profesionales y científicos tales como Danièle Gossin y Maurice Hontang consideran al caballo como animal social-inteligente que comunica y puede entender y aprender. Toda su educación y su entrenamiento se basan, pues, en el estímulo de su propia reflexión, no sólo respetando su naturaleza sino también estimulando su crecimiento mental y emocional.

Este último planteamiento es el único cuyo contenido se basa en las técnicas de la etología no invasiva, es decir, que no modifica el estilo de vida del caballo, sino que el entrenamiento y el manejo se adaptan a las necesidades de cada animal para asegurar así un correcto equilibrio físico, mental y emocional.

CALMA Y QUIETUD

La calma es el factor determinante de una buena sesión de trabajo. En malas condiciones (estrés, tensión, nerviosismo...) resulta imposible pretender avanzar en el entrenamiento. La mente del caballo funciona por asociación, es decir, que todo ejercicio o situación será asociado a un estado emocional. Si el trabajo se realiza en condiciones estresantes, el caballo recordará esa sensación y se pondrá tenso o nervioso incluso antes de pedirle cualquier acción, cayendo así en un irremediable círculo vicioso...

El bloqueo mental y emocional se transmitirá al nivel físico a través de contracturas, tensiones musculares, rigideces, trastornos digestivos y debilitación del sistema inmunitario.

El caballo indicará a través de su actitud y de su lenguaje corporal su estado emocional: una línea superior baja (cuello alargado y horizontal), una mandíbula blanda y relajada, orejas sueltas y móviles, un dorso distendido y una cola aflojada son las características que debemos buscar en el caballo al principio y al final de cada ejercicio por ser los indicadores de un estado óptimo de calma y quietud.

EL TRABAJO EN LIBERTAD

La gran peculiaridad de las técnicas que se basan en el acercamiento etológico es el trabajo en libertad. Se trata de estimular la propia reflexión del caballo. Los condicionamientos y las restricciones no permiten lograr este propósito, ya que el caballo se limita a responder a ciertos estímulos que ha aprendido sin haber entendido el porqué del ejercicio. La inexistencia de material y la libertad de movimiento (restricciones mínimas) van a producir una gran variedad de situaciones que provocarán diversas reacciones en el caballo.

En la naturaleza, el animal está constantemente expuesto a dificultades cuya solución depende de la elección del comportamiento adecuado. Sólo unas pocas tentativas son suficientes para que animales dotados de un neo-córtex superior, como el caballo, puedan entender el problema y adaptarse correctamente ante una situación similar. Este proceso se denomina condicionamiento operante y posee la gran ventaja de permitir al caballo aprender la lección por su propia experiencia. El trabajo en libertad es un medio excelente para recurrir a esta forma de aprendizaje que, no sólo estimulará su reflexión, sino que también despertará su interés por el entorno.

La capacidad de aprendizaje del caballo es sorprendente y no ha de ser subestimada. El tema de la inteligencia es objeto de gran controversia y polémica. Algunos etólogos han llegado a comparar el cerebro del caballo con el del delfín o el del chimpancé y han demostrado que el équido es capaz de memorizar hasta 150 palabras. Las neuronas pueden aumentar su número con estimulación en un contexto adecuado pero, a su vez, también pueden destruirse si no están lo suficientemente solicitadas. Teniendo en cuenta la escasez de estímulos en la vida diaria de la mayoría de los caballos estabulados y el sometimiento a un estilo de vida completamente antinatural, es realmente sorprendente que aún puedan entendernos bajo estas condiciones.

Si el caballo está estabulado, la sesión de trabajo será una de las pocas ocasiones para estimularlo y darle la oportunidad de expresarse. Los medios restrictivos de doma, en los que el caballo se limita a ejecutar repeticiones, no necesitan la intervención de las neuronas y en consecuencia las células que no trabajan se destruyen. Una simple cabezada de cuadra es ya restrictiva para el caballo porque limita la movilidad de su cabeza, una de las partes más utilizadas para comunicarse. La cabezada podría ser el equivalente de las esposas alrededor de las muñecas.

Los caballos entrenados bajo el concepto del acercamiento etológico y cuya preparación ha sido completada por sesiones de trabajo en libertad se convierten en monturas muy fiables y polivalentes. Son capaces, por ejemplo, de calcular la distancia frente al obstáculo, de equilibrarse solos y de salvar la situación ante una combinación complicada en el campo o en un terreno de concurso completo.

Esperemos que con este auge de la ciencia al servicio del animal y del deporte, el caballo vea su calidad de vida mejorar y beneficiarse de una relación hombre/caballo basada en la satisfacción mutua y no en la explotación del rendimiento del animal. Citando a Mark Twain, “el problema no es lo que la gente ignora, sino todo lo que saben y que no es cierto”. Las tradiciones tienen un fondo valioso, pero también un gran inconveniente: no facilitan el cuestionamiento personal ni la búsqueda de soluciones novedosas ante problemas arraigados en el día a día con el caballo.

 

Por Chloé B. Rola
Publicado en la revista El Mundo del Caballo (2004)