cómo coger los pies del caballo
(constantino sánchez)

CÓMO COGER LOS PIES DEL CABALLO

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Vamos a tratar hoy de la forma en la que debemos pedir los cascos a nuestros caballos, y decimos pedir ya que hay que acostumbrarlos a que nos “dejen” sus cascos y no obtenerlos luchando contra su voluntad.,

Existen muchos caballos que no dan fácilmente sus cascos, como consecuencia de una mala educación de potro (este tema lo trataremos en un próximo artículo), o porque no se los pedimos de una forma clara y cómoda para el animal. Es éste un aspecto de la educación del caballo que no se cuida lo suficiente, no teniéndose en cuenta a la hora de elegir un caballo para su compra, y sin embargo es una manipulación que deberemos realizar diariamente para la vigilancia y limpieza de los cascos, además de por supuesto cada 45 días para el proceso de herrado, siendo incómodo y a veces peligroso la reeducación de este tipo de animales.

No podemos olvidar que el caballo es una presa, siendo su principal defensa la huida. Si alguno de sus miembros está herido, su capacidad de supervivencia se reduce de una forma importante, por este motivo el caballo cuidará mucho de sus cascos, será la parte de su cuerpo que más trabajo le va a costar entregarnos.

Sólo va permitir que los manipulemos si el caballo está realmente relajado con nuestra presencia, cuando un caballo nos da sus cascos, nos está demostrando una gran confianza.

Si nuestro caballo tiene problemas para darnos sus cascos puede ser porque no se los pedimos de una forma correcta, vamos a explicar detalladamente la forma de hacerlo, siendo ésta lógica y fácil para el caballo y la más segura para nosotros.

• Nos aproximaremos al caballo de una forma tranquila y hablándole relajadamente con un tono de voz bajo, evitando los tonos agudos y estridentes que excitan al caballo. Debemos “acariciar “ con nuestra voz, diciendo su nombre o cualquier otra cosa que se nos ocurra, pero evitaremos en todo caso chistar (hacer la rana), ruido que se utiliza para impulsar al caballo, en este momento buscamos otras cosas, pero no precisamente impulsión.

• Nos acercaremos al caballo por un lado y con un buen ángulo para que pueda observarnos, nos detendremos a unos 2 mt. de él, justo antes de entrar en su espacio, será una forma de pedirle permiso. Cuando estemos más cerca le permitiremos que nos huela durante unos segundos, de esa forma nos identificará y permanecerá tranquilo.

• Si el caballo está atado deberá estar lo suficientemente largo como para que pueda girar su cabeza y vernos por detrás, esto facilitará nuestro trabajo en los posteriores.

• Nuestra distancia con el caballo deberá ser la menor posible, una eventual defensa del caballo será más peligrosa si nos encontramos a una distancia media (1 mt.). Nuestra posición será paralela al caballo y mirando hacia su parte posterior.

• Comenzaremos acariciando suavemente su cuello con la mano más próxima a su cuerpo, que será la correspondiente a la extremidad del caballo, es decir si queremos coger su casco derecho, lo haremos con nuestra mano derecha, y a la inversa, de esa forma siempre tendremos la totalidad del brazo protegiendo nuestros órganos vitales.

• Las palmadas fuertes no sólo no son apreciadas por el caballo, sino que a veces pueden llegar a asustarle, aumentando su tensión muscular en lugar de relajarle. Pensemos que es capaz de sentir sobre su piel el contacto de una mosca, por lo que podemos estar seguros de que sentirá nuestra mano por suave que ésta sea.

• Tampoco le gustan las caricias a “contrapelo” por lo que siempre iremos con nuestra mano a favor del pelo.

• Iremos descendiendo con nuestra mano, sin perder el contacto, a todo lo largo de su extremidad (es igual que sea anterior o posterior), sin intentar llegar directamente hasta la cuartilla, he visto algunos accidentes debidos a que el caballo no esperaba este contacto y ha reaccionado de una forma brusca, pudiéndose evitar si seguimos esta sencilla regla.

• También tenemos que tener la precaución de que esté perfectamente cuadrado sobre sus cuatro patas, le resulta muy difícil levantar una extremidad cuando ésta soporta la mayor parte del peso. Un pequeño paso hacia delante o hacia atrás facilitarán la colocación correcta.

• Cuando llegamos a la altura de su cuartilla, nuestro dedo pulgar no debe abrazarla, la sensación de opresión molesta mucho al caballo, pudiendo ser el origen de las defensas. Esta norma la deberemos respetar durante todo el tiempo que tengamos el casco entre nuestras manos, de forma que sea el caballo quien nos permite tener su casco, sin sentirse forzado a hacerlo.

• Tampoco intentaremos pedir su casco tirando hacia arriba de la extremidad, colocaremos nuestra mano con todos los dedos juntos (incluido el pulgar) en la parte posterior de la cuartilla, y empujaremos hacia la parte anterior del caballo siguiendo el movimiento natural de la extremidad. A veces con caballos jóvenes o resabiados, podemos pellizcar suavemente en ambos lados de la caña, justo por encima del menudillo, esta ligera molestia le incita a levantar su casco, momento que aprovecharemos para tomarlo (sin oponer el pulgar) premiando con nuestra voz, diciéndole esta vez “muy bien”. Con dos o tres veces que repitamos esta maniobra, aprenderá a darnos sus cascos sólo al sentir una ligera presión de nuestra mano.

• Una vez el casco levantado evitaremos que el caballo apoye todo su peso sobre nosotros, para esto bastará con no darle un punto de apoyo con nuestro cuerpo, retirándonos ligeramente cuando notemos que aumenta el contacto, el caballo no es tonto y no se dejará caer, esto sirve igual para anteriores y posteriores. No debemos de pensar que ésta es una posición difícil para el caballo, ya que puede permanecer sin problema sobre tres de sus extremidades, de hecho lo hace frecuentemente cuando descansa en su box.

• Sin embargo no debemos dejar en el aire su extremidad, procuraremos apoyarla inmediatamente en nuestro cuerpo, hay caballos que les produce mucha inseguridad tener su posterior en el aire sin sentir un punto de apoyo, además de esta forma le ayudamos a equilibrarse.

• Si notamos que aumenta la tensión del caballo, nuestra reacción deberá ser justo la contraria, es decir relajarnos para ir con su movimiento pero sin soltarlo, si el caballo no encuentra una resistencia contra la que luchar simplemente no luchará.

• Sobre todo con caballos jóvenes, deberemos de tener paciencia y soltar su casco de vez en cuando, cuando notemos que comienza a cansarse; pero no lo haremos en el momento en que se esté defendiendo, sino cuando esté tranquilo y relajado, premiando su actitud con nuestra voz.

• Una vez que hayamos terminado con nuestro trabajo sobre el casco, deberemos soltarlo, para hacerlo correctamente lo sujetaremos con la misma mano que lo hemos cogido (el derecho con la derecha y a la inversa), de esa forma evitaremos cualquier posible reacción del caballo protegiéndonos con todo nuestro brazo.

• No debemos olvidar recompensar al caballo con la voz que, acompañada de una caricia, harán que esta rutina diaria se convierta en algo agradable para ambos.

 

Por Constantino Sánchez Martínez
Publicado en la revista Galope