doma natural
(lucy rees)

DOMA NATURAL

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En mi último artículo describí la primera fase del trabajo en el picadero redondo, la técnica que usamos en la doma natural para conseguir que nuestro caballo, bien sea potro sin montar o caballo ya domado, quede preparado para ser montado: es decir, se ha quitado sus tensiones tanto emocionales como físicas, se ha estirado y calentado y está atento a nuestras señales. Esta técnica es tan sencilla que casi no parece una técnica (hasta que la probamos): dejamos al caballo revolcarse y brincar suelto y después lo animamos a moverse en círculos hasta que obtenemos las señales de relajación: los movimientos de la boca que liberan la mandíbula, la soltura de la nuca y el estiramiento del cuello hacia abajo que libera el lomo dando lugar a aires libres, elásticos, y enérgicos.

¿POR QUÉ NO DAR CUERDA?

Primero, porque el caballo es un animal de libertad. Controlado por la cuerda no puede llegar a lo que queremos: su cooperación voluntaria. También es difícil que así llegue a la total expresión de sus aires y a la alegría de moverse que se manifiesta cuando se encuentra en libertad. Si no lo hace sin jinete, menos aún lo hará montado.

Segundo, porque con la cuerda en una mano y la tralla en la otra estamos más en plan controlador que observador, perdiendo mucha información que puede ser importante e interpretando mal otra. Así, entendemos brincos y saltos como rebeldía que hay que suprimir en vez de los estiramientos dinámicos que realmente son; no vemos cómo el caballo usa su cuerpo en los giros rápidos que nos dan información sobre su agilidad, equilibrio y habilidad de reunirse; y además el caballo es capaz de esconder ciertas dificultades físicas apoyándose en la cuerda.

Tercero, porque no aprendemos la importancia de nuestros movimientos, actitudes y posición sobre sus reacciones, creyendo que es desobediente cuando en realidad somos nosotros los que estamos equivocados.

Cuarto, la serreta, tan usada en España (no existe en otros países), impone grandes dificultades al caballo a la hora de flexionar la nuca porque para hacerlo necesita liberar y bajar la mandíbula. Para dar cuerda, la serreta tiene que estar bien apretada con el fin de no dañar el hocico, lo que impide esta bajada. Pero no sólo presiona al hocico sino también a los nervios que se encuentran adyacentes, de forma que es fácil obligar al caballo a flexionar pero produciéndole dolor en la articulación de la mandíbula, que aunque puede aprender a aguantarlo (y entonces parece que aprende a flexionar), transmite tensiones a otros lados del cuerpo. En vez de obligar al caballo a escoger entre dos dolores, sería mejor dejarle libre para que practicara giros rápidos sobre los cuartos traseros, la flexión que naturalmente acompaña la bajada de la grupa.

Y finalmente, porque dar cuerda con buenos resultados es mucho más complicado de lo que parece, un gran arte que pocos poseemos.

EL TRABAJO LIBRE, QUÉ NO HACER

Repito que el error más común en este trabajo es el de echar al caballo por la cabeza. Así creamos confusión, ya que lo que queremos es que el caballo se nos acerque con confianza. Si el caballo descubre que dándonos la cara evita trabajar, tenemos que aceptar su parada, acariciarle brevemente pasando por detrás y echarle otra vez desde allí.

La única excepción a esta regla es la del caballo que se enfrenta a nosotros de forma maleducada e inaceptable, echándose encima de nosotros, poniéndose de manos o mordiéndonos. Lo echamos de inmediato girando la cuerda rápidamente, con rabia en la voz y en la actitud hasta que descubra que sólo cuando se acerca a nosotros de buenas maneras es cuando aceptamos su compañía. Estos potros "superchulos" suelen estar malcriados, en cuadras y sin compañía equina con quien jugar y aprender las reglas sociales (algunos están simplemente consentidos, lo que tampoco es culpa suya). Así las aprenden con rapidez sin que haya necesidad de pegarles.

VARIACIONES

Con el caballo ya domado, con el que adquirimos experiencia antes de intentar desbravar potros, usamos el trabajo como preparación para montar. La primera vez que trabajamos con ellos les dejamos parar cuando están relajados y nos lo piden (giran la cabeza adentro brevemente; nuestra respuesta es quitar la presión dando dos pasos atrás, relajando los hombros y dándole la espalda), pero en sesiones posteriores, cuando llegan a la concentración y a estiramientos en el trote regular y elástico, prolongamos esta fase durante diez o quince minutos como calentamiento. Fortalece mucho los músculos que queremos en la doma de pista y crea el hábito de moverse con impulso y ganas.

CABALLOS CON REACCIONES NO NORMALES

Notamos que el caballo que vive tranquilo en libertad en el campo no suele dar señales de relajación porque no empieza tenso: usamos el trabajo para calentar, centrar o desarrollar juegos de coordinación.

Por el contrario, hay caballos a los que se les ha dado cuerda con la idea de cansarles corriendo: éstos corren como locos sólo con vernos en el centro del picadero incluso sin que apliquemos ninguna presión. Paciencia, calma. Aceptamos la primera oferta de una parada incluso si el caballo no ha llegado a la relajación: poco a poco tiene que aprender que puede parar. Lo acariciamos e intentamos moverle muy tranquilo alrededor de nosotros, sólo un poco, después terminamos. En las próximas sesiones el caballo se tranquilizará hasta que podamos insistir en que se relaje antes de parar. Al caballo muy desconfiado tenemos que tratarle igual, no esperando perfección la primera vez, bastará con que aprenda que no le pasará nada en este trabajo y así iremos creando su confianza hasta que podamos tratarle como a uno normal.

El caballo habitualmente tenso en su monta suele cambiar rápidamente sus actitudes cuando lo preparamos como si fuese un potro con unas sesiones completas (que estoy describiendo en esta serie de artículos). Tenemos que asegurarnos de que sus problemas no se deban a lesiones ni a una montura que le haga daño, aunque es muy posible que su forma de andar produzca dolores musculares. Algunos tienen su musculatura tan mal desarrollada (el músculo por debajo del cuello es fuerte, todos los músculos de la línea de arriba están poco desarrollados y tiene bastante barriga) y hábitos tan fuertes que el lomo está rígido, bloqueado. Son capaces, sobre todo si están fuertes, de trabajar durante media hora sin soltarse. En estos casos, una sesión de masaje y estiramiento antes del trabajo suele ayudar al caballo a empezar a bajar la cabeza y a estirar el lomo. Lo normal es que en sesiones posteriores sus estiramientos sean incluso exagerados, una buena indicación de su necesidad.

El caballo traumatizado habrá demostrado sus problemas de otras formas antes del trabajo. Una indicación de su trauma es que no se revuelca. No debemos esperar que trabaje, sólo que descubra que compartir el mismo picadero con nosotros no le hace daño, mientras, buscamos de manera suavísima y calmada algunas reacciones normales. Las fortalecemos con repetición y evitamos provocar reacciones anormales. También tenemos que prestar atención a su forma de vida para darle libertad, compañía y paseos relajados a ramal comiendo hierba.

EL POTRO

Este trabajo no está indicado para potros de menos de un año y medio o dos, sobre todo si son de verdad cerriles, porque correrán más de lo que sus piernas puedan aguantar.

Algunos, particularmente si están en un sitio nuevo, pueden parecer atontados o incluso autistas la primera vez que se trabaja con ellos y será mejor que los llevemos a ramal para explorar el entorno y dejemos el trabajo para el día siguiente.

Los potros enteros y chulos suelen estar muy distraídos con otros caballos que vean y nos cuesta centrarles. Observamos bien la oreja de dentro: cuando no está fijada en nosotros pedimos que el potro dé la vuelta o cambie al galope hasta que se dé cuenta de que no puede ignorarnos.

LOS JUEGOS DE COORDINACIÓN

Mientras que es normal que las primeras veces que pedimos al caballo que dé la vuelta necesitamos bloquearle, con más repeticiones descubrimos que sólo adelantándonos y girándonos es suficiente para que el caballo se coordine con nosotros. También notamos que cuando trota atento a nosotros, si trotamos en un pequeño círculo y cambiamos al galope, él también cambiará (cuidado: no adelantamos nuestra posición).

Fortalecemos esta tendencia y experimentamos alargando nuestro trote, acortándolo, elevándolo o parando en seco, pero al principio no esperamos dirigir el juego sino que ponemos nuestros movimientos en coordinación con los suyos y vemos lo que pasa cuando cambiamos. Este trabajo puede elevarse hasta un arte impresionante y es una preparación buenísima para concursos de morfología, el potro se mueve en unión con nosotros con una alegría y elasticidad nunca vistos cuando está forzado con la tralla.

LAS PARADAS

Hay caballos que cuando ignoramos sus señales de querer parar, luego pasan de todas las nuestras: es culpa nuestra.

Hay otros, sobre todo los árabes, que piden parar pero no lo hacen del todo a pesar de haber respondido correctamente a sus señales: siguen caminando perdidos, a paso lento, como si el mensaje no llegara a sus pies. Los ayudamos a descubrir la parada bloqueando un poco su trayectoria.

ESTILO DE TRABAJO

Puede que en este artículo se aprecien varios aspectos que caracterizan nuestro trabajo, así que en general habrá que seguir unas pautas:

1. Observamos al animal de forma global, tanto su estado emocional como físico, su entorno y su bienestar fuera del trabajo y durante el mismo.

2. Somos conscientes de que la comunicación entre nosotros y el caballo por medio del lenguaje corporal es un diálogo, no una serie de mandos unilaterales. Así percibimos que, por ejemplo, si el caballo no está atento no responderá a nuestras señales sutiles y tendríamos que prepararle mejor.

3. Debemos poner mucho énfasis en la total eliminación de tensión y en la confianza.

4. Vemos que nuestras señales tienen que ser claras y consistentes. Evitamos hacer movimientos y señales que no signifiquen nada.

5. Si el caballo tiene dificultades, investigamos y ayudamos, no forzamos.

6. Nos contentamos con muy poco para empezar, así ayudamos al caballo a descubrir nuestro camino.

Cualquier persona que esté familiarizada con las obras de los grandes maestros de la equitación reconocerá estos principios. Así nos mentalizamos ambos, nosotros y nuestros caballos, para la doma más avanzada, aunque también puede ser que nunca hayamos montado con anterioridad y estemos trabajando con un potro no montado.

 

Por Lucy Rees
Publicado en la revista Galope (2003)