equitación y herraje
(constantino sánchez)

EQUITACIÓN Y HERRAJE

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Uno de los objetivos que siempre hemos perseguido en nuestra escuela es el de procurar que nuestros alumnos sean además de buenos herradores, verdaderos "hombres de caballos". Evidentemente para llegar a ello se debe tener un cariño muy especial a este animal, siendo también importante que el buen herrador amante de su trabajo sea también jinete (aunque a veces sólo pueda serlo de fin de semana).

Cuando el herrador deja de estar debajo del caballo para pasar a estar sobre él, comprobará realmente "las excelencias" de su trabajo en su propia carne, y lo que es más importante analizará su forma de montar y su repercusión en el herraje, porque todos intuimos que la manera de montar a caballo debe afectar a los miembros, como consecuencia también los cascos resultarán implicados y si esto es así el resultado final lo veremos reflejado sobre las herraduras.

No pretendo con este didáctico dar una clase de equitación, ya que existen plumas más cualificadas que la mía para hacerlo, pero si que haremos un repaso rápido de cómo afecta la forma que tenemos de montar en los problemas que a veces observamos en los herrajes de nuestros caballos.

Es importante para el herrador, y tampoco le vendría mal al jinete, tener buenos conocimientos de hipología y de biomecánica ya que el herraje no se debe quedar en el casco, donde normalmente fijamos nuestra atención, sino que debe estudiar la manera en que se reparten todas las presiones en la periferia del casco y en su interior, y la influencia que todo esto tiene sobre el resto del miembro.

Cuando el caballo se deshierra sistemáticamente (o una rama de la herradura aparece siempre más desgastada) podemos caer en la tentación de sujetar la herradura con medios, a veces no demasiado recomendables (mayor número de clavos, clavos de mayor longitud y grosor, étc). Estaremos actuando sobre los síntomas sin habernos parado a pensar donde están la o las causas del problema.

Un gran número de jinetes no estamos en perfecto equilibrio sobre nuestros caballos, es decir sentados con el mismo peso repartido sobre las dos nalgas, y con nuestro centro de gravedad sobre el del caballo, un poco por detrás de la cruz a la altura de la octava costilla esternal. Además de observar esta posición bien definida debemos mantener nuestro cuerpo y miembros con una flexibilidad tal que nos permita alinear en cada momento nuestro centro de gravedad con el del caballo, con el fin de no molestar sus movimientos, permaneciendo en equilibrio con él.

Sabemos que el caballo intenta poner su centro de gravedad en corcondancia con el nuestro, pero como él no puede desplazar el peso del jinete como nosotros lo haríamos cuando, por ejemplo, llevamos un saco sobre la espalda, es evidente que, si el jinete no está correctamente equilibrado, el reparto del trabajo no será igual sobre los dos bípedos laterales, en consecuencia y sabiendo que el caballo soporta más peso sobre sus anteriores que sobre sus posteriores tendremos que, en el caso descrito, nuestro caballo presentará algún tipo de problema sobre alguna de sus herraduras anteriores.

Os contaré una anécdota vivida por mi maestro Christian Thomas, que viene a probar lo que digo. En la época de la que hablamos Christian herraba en Francia, entre otros, unos caballos de caza. Este tipo de caballos suelen estar sometidos a unas grandes exigencias, trabajando en ocasiones los siete días de la semana, en todo tipo de terrenos, con toda climatología y durante jornadas muy prolongadas. Este caballo era montado por el guía del grupo, y desgastaba tanto un anterior que no podía hacer muchas cazas seguidas, actuando sobre los síntomas, Christian intentó de todo para consolidar su herraje, pero evidentemente esto se convertía cada vez en algo más delicado. Un buen día, observó una herida cada vez más evidente sobre el dorso del caballo, en uno de los lados sobre los que apoyaba la montura, como salía a cazar también con este grupo, observó durante la siguiente salida, que el guía montaba totalmente inclinado echando todo su peso hacia el lado derecho, con lo que el caballo debía de compensarlo continuamente. Dedujo que ésta era la causa del problema, comunicando el asunto al propietario de los caballos, quién confirmó que efectivamente el caballo del guía terminaba mal la campaña, cuando no debía ser sustituido antes.

Se aconsejó al guía que tomase algunas lecciones de equitación con un monitor serio, que junto con algunas recomendaciones por parte de Christian, hicieron que tanto la herida del dorso como los problemas de herraje volviesen a la normalidad. Había encontrado la causa y actuando sobre ella había eliminado el problema.

Este incidente puede hacer que nos hagamos algunas preguntas, a las que daremos rápidas respuestas. Evidentemente la forma de montar actúa sobre el equilibrio, luego también lo hará sobre el desplazamiento del caballo, con lo que en definitiva resultará afectado el herraje.

Veamos un sencillo ejemplo. Algo tan simple como trotar a la inglesa puede tener consecuencias perjudiciales si no se realiza correctamente.

Sabemos que el trote levantado se hace siguiendo la evolución de un diagonal, preservando así el dorso del caballo. Por el juego de nuestras tres articulaciones básicas, tobillos, rodillas y caderas, amortiguamos el descenso y la subida de este diagonal. Así cuando el caballo posa su diagonal y durante la empujada del mismo, nos encontramos más o menos sentados, como consecuencia estaremos frenando el otro diagonal que en ese preciso instante se encuentra levantado. Enseguida nuestro cuerpo se eleva más o menos, ayudando de esa forma nuestro diagonal que acaba de elevarse, el resultado final es que ayudamos al diagonal sobre el que trotamos facilitando su avance, frenando el diagonal opuesto (no olvidemos que estamos sentados cuando él avanza). El diagonal sobre el que trotamos realizará más trabajo, y consecuentemente gastará más la herradura de su anterior (soporta más cantidad de peso).

La conclusión que sacamos es que debemos cambiar de diagonal cada cierto tiempo, alternando ambos por periodos de tiempo similares.

Otra cosa que aprenderemos con un buen profesor, es que la mayoría de los caballos siguiendo su incurvación natural, prefieren trotar siempre sobre un mismo diagonal, si no estamos muy atentos el caballo nos empujará siempre a trotar sobre el diagonal que él prefiere, con lo que al cabo de un cierto tiempo aparecerán problemas sobre ese diagonal, y no sabremos de donde provienen.

Al galope el problema aparece de igual forma, el caballo por su naturaleza está incurvado de un lado más que del otro. Sin una doma adecuada permanecerá de esa forma toda su vida, sobre todo si montamos con las dos riendas en una mano, es decir utilizando riendas de apoyo que es lo más corriente para el trabajo de campo y el exterior. En este caso, probablemente el caballo galopará constantemente sobre la misma mano, estropeando el diagonal que realiza el esfuerzo (y sobre todo el anterior del mismo), que será el opuesto sobre el cual galopa.

Así pues, debemos saber hacer galopar sobre los dos anteriores, buscando la misma frecuencia y duración sobre uno y otro. En caso contrario, no solamente nos encontraremos con problemas de herraje sino también, y esto es mucho más grave, con problemas de taras en los miembros.

Cuando pensamos que el caballo de exterior trabaja aproximadamente seis horas por día, y que el trote después del paso es el aire más utilizado, podemos imaginar los perjuicios causados en el diagonal sobre el cual, el debutante o el que no ha aprendido jamás, somete constantemente a mayor trabajo.

Y que decir del raid, disciplina para la que puede parecer que no hacen falta conocimientos demasiado profundos, siendo precisamente por su dureza la que requiere una mayor preparación por parte del jinete: equitación, biomecánica, anatomía, fisiología , primeros auxilios, etc.

De todo lo expuesto surgen de forma inmediata algunas consecuencias, la primera de ellas es la repercusión que la forma de montar el caballo tiene sobre el herraje, siendo una de los primeras cuestiones que el herrador debe observar cuando surgen problemas.

Otro aspecto a tener en cuenta es la importancia de no actuar sobre los síntomas sino intentar buscar las causas de los problemas, actuando sobre ellas. De esta forma nos ahorraríamos mucho sufrimiento por parte del caballo, mucho dinero del propietario y mucho trabajo por parte del herrador.

Por último sólo queda destacar que en muchas ocasiones buscamos las soluciones con herrajes ortopédicos muy complicados, siendo el remedio mucho más sencillo tan sólo utilizando el sentido común y la observación.

 

Por Constantino Sánchez Martínez
Publicado en la revista Galope