trabajo en el picadero redondo
(lucy rees)

TRABAJO EN EL PICADERO REDONDO

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Con el trabajo en el picadero redondo hemos logrado que el caballo esté atento, se haya calentado y quede libre de tensiones: el estado óptimo para empezar a trabajar. Ahora queremos convencerle de que quiera estar con nosotros por su propia voluntad moviéndose en coordinación con nuestros movimientos. Si no lo hace desde el suelo, tampoco lo hará cuando estemos montados, algo que ocurre con frecuencia.

Tenemos al caballo parado, mirándonos con interés.

ACERCAMIENTO

Tan sencillo y a la vez tan complejo. Los caballos mansos y confiados nos perdonan gran cantidad de errores, pero los desconfiados, ya sean cerriles o resabiados, no. Hay que tener en cuenta lo siguiente:

Con los caballos muy desconfiados adoptamos una técnica tan útil en superar problemas de miedo que sirve de forma general para todos y que merece la pena examinar en detalle.

ACERCAMIENTO/ALEJAMIENTO

Es la manera de conseguir una habituación rápida y fiable. En vez de acercarnos sin parar, lo que provocaría que el caballo explotara y saliera corriendo, nos acercamos sólo un poco y nos alejamos de inmediato en cuanto notamos el más mínimo aumento de su tensión. Paramos unos segundos, durante los cuales se da cuenta de que ha sobrevivido a esta experiencia (idea muy fuerte en su psicología) y se relaja, a menudo moviendo la boca o suspirando. Después repetimos el avance, esta vez acercándonos más antes de que el caballo se tense y retrocedemos otra vez. Continuamos así hasta que estemos en el límite de su espacio individual, donde debemos parar, hablándole con tranquilidad hasta que nos huela o sintamos que podemos tocarle levemente, después lo hacemos con contactos más prolongados.

Siempre es más fácil que el caballo acepte una experiencia que teme si se la presentamos así, en etapas discretas, retirándonos a una posición que él reconoce como segura para que se calme y su adrenalina baje, de lo contrario, sería fácil que ésta aumentara hasta el nivel de pánico. Así, por ejemplo, para tocar el pie de un potro acariciamos la cruz (ayuda a bajar las pulsaciones), movemos la mano hacia la grupa, la retiramos a la cruz, la llevamos hacia el muslo, la retiramos a la cruz, la bajamos hasta el corvejón y así sucesivamente hasta llegar al pie.

Si es un potro sin tocar estaremos contentos con cualquier avance. Por ejemplo, si al cogerle las manos y los pies los levanta con calma aunque no nos deje sujetarlos, estamos en buen camino. Notamos que casi todos, incluso los mansos, necesitan olernos cuando trabajamos con los pies, lo que indica que necesitan mucha confianza para darnos estos elementos imprescindibles para su defensa, la huida. (Muchos caballos no se dejan herrar cuando están sujetos o atados por no tener la posibilidad de examinar al herrador mientras trabaja).

Podemos usar esta técnica en muchas situaciones.

EL TACTO

Cuando tocamos al caballo nuestro tacto debe transmitirle confianza, seguridad, amistad. Las caricias largas y lentas le resultan más agradables que si le frotamos, vamos a contrapelo o movemos la mano con rapidez y nerviosismo. No les gustan las palmadas, que son un truco que emplean los domadores para desensibilizar a los potros antes de montarlos. A los caballos les gusta el mismo tipo de caricia que a los gatos, que tampoco soportan los golpes.

Cuando montamos a un caballo le estamos pidiendo que nos entregue todo su cuerpo con confianza. En realidad, pedimos lo mismo desde el suelo cuando le acariciamos por todos partes intentando descubrir el tacto que le da placer, dónde le gusta que pongamos más o menos presión, dónde tiene músculos o tendones duros o contraídos. Se puede cambiar la actitud de un caballo notablemente sólo con caricias.

Durante esta sesión de acariciar todo el caballo, pueden ocurrir varias cosas:

1.- El caballo se aleja por falta de atención (por ejemplo, el potro entero cuando pasa una yegua). En este caso decimos: “bueno, si tu idea es moverte, ¡muévete!” y ponemos presión para que corra en círculos otra vez hasta que esté atento a nosotros y nos pida parar. Es impresionante lo rápido que aprenden estos potros distraídos, después de un par de repeticiones de esta táctica, si se olvidan y se mueven de nuevo, hacemos un mínimo movimiento para echarles e inmediatamente vienen a nosotros como diciendo: “perdón, no quiero marcharme, sólo me he distraído un momento”.

2.- El caballo se aleja por nerviosismo. Es un error nuestro por hacer las cosas demasiado rápido o con brusquedad o por pedir demasiado. Debemos pedir perdón, acercarnos otra vez y aprender a ir más despacio. Nunca debemos castigar a un animal por nuestros errores, sino aprender de ellos.

3.- El potro nos muerde. Le echamos de inmediato con rabia y gritos furiosos y le ponemos a dar vueltas hasta que nos “calmamos” y le dejamos venir de nuevo. El mensaje es: “si te comportas así no puedes estar conmigo”. Esta forma de enseñar el comportamiento social adecuado es básicamente equina. Para que sea realmente efectiva tenemos que dejar que el potro nos muerda de verdad, sino no sabrá lo que ha hecho mal. Si sabemos que es un potro que muerde mucho, lo mejor será que nos pongamos una chaqueta fuerte porque nos morderá al menos tres veces antes de entender qué es lo que nos ha enfadado tanto. Yo dejo que los potros me toquen con sus labios, es su forma de comunicarse, pero NO con los dientes.

Tenemos que poner un límite firme y claro y no permitir nunca que lo sobrepasen. En libertad aprenden muy rápido, más que cuando están atados con un ramal, porque de esta forma no se puede efectuar el castigo de echarles rechazando su compañía.

SEGUIMIENTO

Esto significa que vamos juntos en paz, armonía y coordinación. Es nuestra meta en esta fase.

Si hemos convencido al caballo de que está en buena compañía, no querrá perdernos.

Acariciamos el cuello y nos movemos hacia delante un metro o dos cruzando su línea de visión y dándole la espalda. Algunos nos siguen de inmediato, otros no. Si sólo nos sigue con la cabeza, volvemos a acariciarle y probamos otra vez. Lo que nos ayuda a convencer al caballo de que se mueva es:

Andamos sólo uno o dos pasos antes de parar y acariciar brevemente transmitiendo la idea: “qué bien que estamos juntos, ¿no?”, después caminamos un poco más con pausas frecuentes hasta que el caballo nos siga fácilmente. Notamos que se coordina perfectamente con nosotros parando cuando nos paramos en seco, girando cuando giramos. ¿Para qué necesitamos un ramal? No para obligar al animal a venir, sino para evitar que se despiste.

Ésta es la verdadera elección libre del caballo de seguirnos como líder de forma voluntaria y que hace simplemente por convicción. Cuando tenemos un caballo que de verdad quiere estar con nosotros, aunque esto no lo es todo, tenemos una gran base para nuestro trabajo juntos. Si no quiere unirse a nosotros desde el suelo, ¿cómo podemos montarle con confianza?.

Si estamos usando este sistema para calentar y preparar a un caballo ya montado, en esta fase del trabajo ya podemos montarle. Si es uno resabiado o un potro, seguimos avanzando otros pasos. Si es nuestro caballo de siempre o un potro demasiado joven para montar, podemos investigar y fortalecer sus reacciones invitándole a que nos siga cruzando palos puestos en el suelo o pasando otros obstáculos e incluso trotando o saltando con él, siempre con cuidado de no pedir demasiado para empezar, sino de ir aumentando las dificultades muy paulatinamente.

Cuanto más practiquemos esta reacción natural, premiando al caballo por su elección, más buscará nuestro apoyo y consejo cuando algo le asuste, igual que cuando buscaba a su madre y al líder de su manada que tampoco necesitaban ramal.

He notado que este trabajo (el acercamiento en libertad, el contacto con todo el cuerpo y el seguimiento) da mucha confianza a los principiantes cuando practican con un caballo manso. Y, en particular, es especialmente el levantar los pies de un caballo suelto lo que da confianza a ambos.

 

Por Lucy Rees
Publicado en la revista Galope (2003)